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Montevideo URUGUAY

Unos treinta años atrás fue famoso el juicio emprendido por la Walt Disney Productions, contra la Sony por el desarrollo y puesta en el mercado del Betamax, el primer sistema exitoso de grabación doméstica de audio y video.
El proceso fue largo, y finalmente la Disney perdió el tiempo y la plata.
Objetivamente no podía ser de otra forma. El fabricante de pistolas, no es el culpable de los crímenes que se cometan con ellas, aunque pueda argumentarse que si no hubiera pistolas la cantidad de crímenes sería mucho menor.
También, podría decirse que a falta de pistolas se usarían palos, piedras o los puños, o que las pistolas no solamente pueden emplearse para cometer crímenes
El episodio puso de relieve la preocupación de las productoras por la preservación de sus  derechos intelectuales ante las primeras amenazas de la tecnología,  o más bien y  que no es lo mismo, por la pérdida de ingresos por la duplicación doméstica de los contenidos comercializados por ellos.
No era para menos, otros aparatos ya habían abierto flancos en la muralla de los intereses de la industria, como el grabador de cassettes de sonido que atravesaba en ese momento su período  mayor  esplendor y se utilizaba masivamente para duplicar vinilos, o la fotocopiadora que permitía la reproducción barata de materiales impresos.
Pero, lo peor, o lo mejor  según se mire, estaba por venir  de la mano de los sistemas digitales.
La tecnología jugando a dos frentes ofreció nuevas formas de presentación para los productos artísticos como el CD o el DVD, pero también, el hardware y el software  para que cualquiera pudiera  duplicarlos caseramente.
La frutilla de la torta fue la descarga de archivos desde Internet, un medio universal rápido y gratuito, o por lo menos muy barato.

La herencia de Napster
Primero fue Napster en 1999.  Ofrecía sus servidores como nexo entre los usuarios para que estos intercambiaran sus archivos musicales en formato comprimido mp3. Al poco tiempo éstos eran casi 30 millones, en una época en la que Internet no era tan popular como lo es hoy.
Llovieron los juicios, y de nada sirvió el argumento de que eran los usuarios quienes intercambiaban materiales propios desde sus computadoras, en definitiva quien  el que lo hacía posible era el servidor de Napster.

La empresa se vio obligada a cesar el servicio, pero casi a la vez, surgieron nuevas redes de intercambio que prescindiendo de un servidor principal usaban  sistemas de nodos, eludiendo así el argumento fundamental de quienes ganaron el juicio contra Napster.
En realidad los problemas legales con el nuevo tipo de red de intercambio continúan, pero el sistema goza de  buena salud y millones de personas, en su mayoría adolescentes,  lo usan a diario.

Ares Galaxy es la más popular para descargar temas sueltos, y E-mule el favorito para discos completos, aunque su popularidad es mucho menor debido a su paquidérmica lentitud.
Sin embargo, otra forma aun mejor de difusión gratuita de contenidos vino de la mano de los blogs y de los servidores de almacenamiento masivo.
Por ejemplo Google, a través de su servicio Blogger, brinda  oportunidad para que cualquiera pueda tener su propio espacio en la web. El único requisito es poseer una cuenta de correo electrónico en Gmail.
Sin pagar un solo centavo, y sin que los datos de identificación suministrados tengan porqué ser verdaderos  cualquiera tiene la posibilidad de publicar en un balcón virtual abierto al mundo. Una increíble herramienta para difundir  ideas y compartir intereses.

Millones de aficionados a cualquier cosa abrieron el suyo. También los aficionados al jazz, volcaron sus vivencias, opiniones y los artículos que alguna vez soñaron escribir en una revista.
El siguiente paso, es no solamente hablar de Kind of blue, sino de darle la oportunidad a los cibernautas de descargarlo y escucharlo.  Allí es donde aparecen compañías  que ofrecen el servicio de almacenamiento de archivos en sus servidores.
Surgidas inicialmente como un servicio de seguridad para el backup de archivos digitales, estas empresas permiten que cualquiera pueda almacenar archivos en sus servidores, y a la vez que todo el mundo que posea la dirección del archivo pueda descargarlo. El servicio también es gratuito, y los archivos se conservan mientras haya quien esté interesado en bajarlos.

El resultado de incluir en un blog  los links para descargar  archivos guardados en servidores como Megaupload, Mediafire o Rapidshare, es una colosal discoteca que reúne miles y miles de discos completos, muchos incluso sin pérdida de calidad, con sus carátulas y librillos.
No importa cual sea el género que le interese, ni el año en que el material se editó. Busque, porque en algún lugar del planeta hay una aficionado como usted que lo tiene y lo subió para compartirlo.
Cada blog especializado tiene además links a otros blogs similares, formando así una deslumbrante e inabarcable telaraña.
No es sencillo determinar la futura evolución del actual estado de cosas.



Si bien es cierto, como sostienen muchos, que una parte de quienes bajan material Internet si les agrada, luego compran los discos, es evidente que quienes lo hacen son los menos, y los más sufren en toda esta situación son los productores, las empresas de distribución discográfica, y las tiendas de música, es decir aquellos que arriesgaban su dinero invirtiendo en los diversos procesos involucrados en poner el material musical en manos del público.
Si no hay ventas, no hay utilidades, y por lo tanto tampoco interés en financiar horas de estudio, diseño para el empaque de los discos y toda la parafernalia envuelta en el proceso.
Por otro lado, es cierto que los costos de producción se han reducido notoriamente. Hoy día la tecnología permite que una actuación en vivo pueda ser captada con sorprendente calidad.
Cualquier computadora es un aparato de registro digital, a la cual conectar una consola con micrófonos y obtener una aceptable grabación.

Paralelamente la exigencia del público en calidad de sonido se ha adaptado a la plana respuesta de dispositivos móviles tales como celulares,  netbooks y tablets.
Por parte de los músicos, la reacción ha sido dispar. Hay quienes como Metallica fueron los primeros en apuntar sus baterías contra Napster.
Otros en cambio, consideran que Internet es el mejor método de difusión, para que el público conociendo su trabajo, acuda a verlos en sus actuaciones en vivo.  Incluso hay quienes no han dudado a la hora de distribuir gratuitamente sus discos en  sitios web. Sería Algo parecido a lo que tradicionalmente hacía la radio, pero a  nivel global.
Mientras tanto el público, sin duda el gran beneficiado, sorprendentemente pasivo, contempla desfilar ante sus ojos y oídos, el formidable patrimonio cultural de 130 años de música grabada,  sin que generalmente atine a otra cosa que elegir neciamente aquello de menor valor.
Nunca la cultura musical estuvo tan a mano que quien se interese en ella, nunca los derechos que quienes la desarrollan tan desprotegidos, y sorprendentemente nunca el interés del público comparativamente fue tan poco manifiesto.

De hecho, actualmente  las grabaciones  están a disposición de todo el mundo, al menos de quienes son capaces de manejar con cierta soltura un ordenador. Tal vez alguien ingenie un sistema para evitarlo y el chorro se corte.
Más probablemente sin embargo, la música grabada se consolide como patrimonio de todos, y que cualquiera pueda disfrutarla sin límites.
¡Y por qué no! Nadie paga por ver la Fontana di Trevi, ni siquiera por fotografiarse arrojando una moneda en ella.
Pero ahí está, desde hace 250 años admirando a todo quien pase frente a ella, y así seguirá por muchos siglos más.
Tal vez ocurra lo mismo con  Kind of blue.

© 2011 j.m. especial para HOT CLUB de Montevideo